realidad extraordinaria

21 abr. 2013

Mujeres de papel

¡You are not a sketch! Es la nueva campaña contra la anorexia. Muy creativa pero sobre todo impactante y directa. Realizada por la agencia de publicidad brasileña Revolution para Star Models ha conseguido con creces llamar la atención con estos dibujos. Y aunque confiesan que las fotos de las chicas han sido retocadas para dar más dramatismo, la realidad no está tan lejos del papel.


Los patrones de belleza corren a la misma velocidad que las épocas, pero jamás debe ser un ideal un cuerpo enfermo. Es contradictorio que el trabajo de una modelo sea lucir las prendas para encandilarnos y que sus cuerpos tengan menos consistencia que las perchas de un armario. El día que alguien con salero empuje el perchero en el que está colgada la ropa, me hago fan de los desfiles de Paris.

Otra cosa que no entiendo es: ¿por qué en los super desfiles de alta costura (por poner un ejemplo) las modelos nunca sonríen?, ¿está prohibido o es que esbozar una sonrisa supone pagar un plus por el esfuerzo sobrehumano que conlleva? comer papel sí pero, ojo, sonreír es un sacrificio que no nos podemos permitir.

Y es que por mucho que argumenten algunos fashionistas (siempre da un toque kitsch escribir alguna palabreja así) jamás sentará igual un vestido a un perchero que a una mujer con una gran sonrisa, gracia y ritmo en sus caderas. Nunca lucirá una prenda tanto como en una persona satisfecha con sus medidas, completamente sana y feliz.

Con todo ésto no defiendo la obesidad ni la gilipollez de los gorditos felices. Hablo de salud y de conocerse a una misma. Es absolutamente imposible que todas las mujeres seamos 90-60-90.

IM- PO- SI- BLE.

Además de un auténtico coñazo, ¿no dicen que en la variedad está el gusto?

17 abr. 2013

Vuelta a la facultad

He vuelto a la facultad. Durante unos minutos y por otro motivo pero no he podido resistir la tentación. Lo primero ha sido sentarnos (me acompañaba Sandra, amiga y compañera de facultad, también conocida como "la rubia") en el césped que está delante de "la puerta de fumar", que como su nombre indica, era el lugar escogido para fumar un cigarro en los descansos entre clase y clase. Lo curioso es que tanto fumadores como los que no lo eran (o son) la llamaban de la misma forma. Un apelativo cariñoso de lo que consideras tuyo aunque lo compartas con cientos de personas.

El buen tiempo animaba a hacer la parada técnica en ese césped que no es ni cómodo ni mullido pero que con los primeros rayos de abril, era la mejor de las alfombras para ver pasar el tiempo entre risas y apuntes. He recordado en qué zona exacta recibí una nota que me hizo sentir la tía más feliz del mundo (las palabras exactas han sido: la puta ama), rodeada de compañeros que entrábamos en el despacho de Carmen Herrero como si fuéramos al mismísimo matadero (eso también pasó con Deontología, Chillón y su obsesión por hablar de la ablación del clítoris y Torrelobatón no animaban a la tranquilidad).

Clase de 5º de Periodismo. Foto: Instagram 

Tras un rato de historias de abuelas cebolleta con alumnos actuales de Filosofía y Letras, hemos entrado  en el hall dispuestas a recorrer los lugares más emblemáticos de nuestro paso por la facultad: nuestras clases, los tablones, la reprografía (he asomado la cabeza para encontrar a aquellas dos chicas, al principio bordes pero luego encantadoras, que estaban en "nuestra época" pero en su lugar había un señor con pelo blanco), la cafetería (que ahora incorpora comida vegana y ha cambiado el mobiliario, a mejor), hasta los lavabos!

Hemos cerrado el recorrido con una pequeña charla espontánea con un profesor que juraba acordarse de nuestra cara pero no así de los nombres. Dudo que recordará ni una cosa ni la otra pero ha hecho el esfuerzo de no hacernos sentir un número de matrícula.

Mientras me alejaba, recordaba las palabras de Sandra por los pasillos: "Siento como si nunca me hubiera ido". A mí me pasaba lo contrario. Aquella era la facultad en la que había estudiado durante 5 (cortos) años pero ya no era mía. No me pertenecía ni yo a ella. Desubicada y fuera de lugar. Pero tengo lo vivido que sé que jamás reviviré ni querría hacerlo. No me gustaría estropearlo, forzando algo similar porque jamás iba a ser igual. Fue allí y entonces. Por supuesto que no todo fue miel sobre hojuelas pero el balance no puede ser más positivo. Una maleta llena de buena gente, sensaciones y momentos que pasaron rápido y vivimos intensamente.

Nos vemos en la puerta de fumar...