realidad extraordinaria

9 mar. 2013

El día después de la fiesta

Brave, la última princesa de Disney y
la menos princesa de todas. 
Se terminó. Guarden sus pancartas y sus discursos pro-mujer que ya acabó el día 8 de marzo. ¿Para qué vale este día? Para que aquellos que se pasan 364 días al año separando lo que es "cosa de mujeres" y lo que no saquen pecho y se cuelguen una medalla por decir que las mujeres somos "flores a las que cuidar y alimentar". Os prometo que ayer cuando escuché esta frase, me dieron ganas de alimentar mi ira sacando la mano a pasear.

No somos flores a las que hay que regar, ni delicadas muñecas de porcelanas que tienen que ser tratadas con sumo cuidado, ni princesas (al menos no todas, claro) a las que los hombres tienen que rescatar de los peligros de un mundo inhóspito, ¿qué tal si nos rescatamos mutuamente?

Tampoco todas las mujeres son (o somos) heroínas por el simple hecho de contar con los cromosomas XX. No quiero entender las alfombras rojas para las mujeres, ¿qué necesidad hay entonces de facilitar las cosas a las mujeres?, solo para fomentar la idea de que las mujeres necesitamos ese "empujón" para llegar a la altura de los hombres. Por supuesto que todavía hay muchas, muchísimas cosas que cambiar pero desde una postura de igual condición. Sin privilegios para unos ni para las otras. Una mujer válida es tan capaz como un hombre válido al igual que una mujer torpe es tan inútil como lo es un hombre torpe.

En una ocasión aporté esta opinión y me contestaron que soy "poca mujer". Demasiada mujer para los que insultan si no opinas como ellos y suficiente mujer para confiar en mis posibilidades sin ayudas extra.

El icono de Rosie, la remachadora.
En mi casa nunca ha habido discriminación. Mi padre cocinaba y limpiaba como el que más. Siempre he escuchado a mi madre decir "en la misma iglesia nos casamos y a sartenazo tocamos", es decir, las tareas totalmente repartidas.

Ni machista, ni feminista, mujer y muy orgullosa.