realidad extraordinaria

1 feb. 2013

Los primeros y más peligrosos enemigos de su propia fe

Anoche leí algo que me impactó de tal forma que se ha llevado parte de mis horas de sueño. En un blog, cuyo enlace no pondré porque ya le he generado suficientes visitas, se explicaba que esta vorágine de corrupción, sobres, dinero en B,... estaba directamente relacionado con un sistema que "consiente la matanza de inocentes". Para quien se haya perdido, el autor se refiere al aborto.

Dejando a un lado la mezcla de conceptos que casan peor que las "peras y las manzanas" estoy de acuerdo con un concepto que se señala desde ese post y es la pérdida de valores, en concreto, me quedo con la ausencia de respeto. Respeto que piden aquellos que no lo otorgan, que dilapidan verbalmente a mujeres que deciden no seguir con SU embarazo por diferentes motivos que ni siquiera se paran a escuchar y que esas mujeres no tienen porqué dar.

Abortar tiene que ser una de las acciones más traumáticas para una mujer a nivel físico y mental. Una decisión lo suficientemente dura como para que, para más inri, haya detrás voces que griten "asesina". Ningún gobierno de turno ni ningún colectivo hermético tiene derecho a decidir o a menospreciar a una mujer ante una decisión tan íntima como delicada.

Estoy a favor de la vida. Defiendo el derecho a una vida digna porque sin dignidad no hay vida que valga. Para el no nacido y para su madre. Abortar puede ser un acto de amor, un sacrificio para ahorrar una vida sin vida, de enfermedad o de sufrimiento. Pero también respeto a quienes deciden continuar hasta en las situaciones más difíciles, siendo responsables de todas las consecuencias y peleando por sacar adelante a sus hijos.

El principio básico de la religión católica (y de muchas otras) es el AMOR. Amor que se basa en el respeto al prójimo. ¿Dónde ha quedado eso? La esencia es buena pero quienes defienden posturas tan violentas y radicales, tiran piedras sobre aquello en lo que creen. Los primeros y más peligrosos enemigos de su propia fe.