realidad extraordinaria

23 dic. 2012

No pienses solo en ti

Podría decir que el artículo de Pérez Reverte ha sido el empujón para que redacte esta entrada. Pero no es el motivo. Dejo el enlace para que lo leáis antes de seguir con lo mío:

No compres ese perro

Llevo un par de semanas dándole vueltas a este tema por una circunstancia de alguien que tengo cerca. Suscribo cada palabra de este artículo. Hijos de puta, malnacidos, cabrones sin corazón todos aquellos que abandonan a sus mascotas. Irresponsables, inconscientes, egoístas aquellos que tienen un perro por antojo y apetencia sin saber si pueden hacerse responsables de él.

Tan cruel es el que abandona a un perro como el que no le ofrece la vida que merece. Y no todo es de color de rosa. No hablo de mimos y carantoñas cuando son bolitas adorables de pelo que nos miran y se acurrucan en nuestros brazos despertando la parte más tierna de cada uno. No me refiero a pasear idílicamente por el campo en primavera con un cálido sol y una suave brisa. No estoy pensando en que te traiga el periódico, las zapatillas o que recoja tu correo como en las películas americanas en la que todo es amor y armonía. Parece que en EEUU los perros no huelen y no sueltan pelos a su paso sino toques de lavanda...

Quiero que pienses en los días de lluvia y frío, de viento que corta la respiración. En salir de la cama temprano, sea domingo o miércoles, para que tu mejor amigo salga a estirar las patas y que vuelva apestando (el olor a perro mojado es uno de los peores) y tú con él. En que, puede, que a tu perro no le caiga bien el cartero y ladre intensamente cada vez que se acerca a tu buzón. Que no llegues a leer el periódico de un parte y tengas que conformarte con las páginas que tu peludo amigo no ha hecho trizas. En vacunas (heptavalente, la rabia, el moquillo, las garrapatas, la leishmaniosis,...), sacos de pienso variado, golosinas, algún que otro juguete (aunque es muy probable que prefiera tus zapatillas/calcetines), cepillos, champús,... y su gasto correspondiente.

Aunque resulte desagradable, tu perro no caga rosas. Esto es así. Hay que ser cívico y recogerlo y...no es plato de buen gusto sobre todo si la talla de tu perro es grande porque los regalos van en proporción. Y también, puede que se ponga malo y, AUN ESTANDO BIEN EDUCADO, se le escape alguna sorpresa de esta índole dentro de tu casa. Menudo marrón.

Desde muy pequeña he querido tener perro. Con apenas 10 años me sabía cada raza, sus características, hábitos, orígenes y cuidados especiales. Compraba revistas especializadas y tenía empapelada mi habitación con los pósters centrales y los recortes que yo misma hacía cuando me había releído mil veces cada página.
Hasta los 18 no cumplí ese sueño y me alegro. Desde muy pequeña tuve claro todo lo que implicaba tener un perro y sabía que no podríamos encargarnos de él por mucho que yo lo deseara.

Boss vive en un chálet. No es una mansión pero sí que tenemos una parcela en la que puede sentirse libre y agusto. Boss son más de 40 kilos de puro amor. Que nos da y que recibe. Recibe sus cuidados, sus vacunas, su cepillado diario, su agua limpia cada mañana, sus paseos regulares y, por supuesto, sus mimos y carantoñas. Quiero a mi perro más que a muchos familiares y personas que conozco. Por eso, quiero que sea feliz y procuro que tenga la mejor vida posible.


No hay que ver en un perro solo si te va a hacer feliz, hay que fijarse en si vas a ser capaz de ofrecerle toda la felicidad que merece. No pienses solo en ti. No son objetos que nos sirvan para aliviarnos, para hacer terapia o como simple entretenimiento. Es un sentimiento como el de aquellos que tienen un hijo para arreglar un problema de pareja. La peor opción. Hacer cargar con las consecuencias a quien menos culpa tiene, ya sea un hijo o un perro.


Dos dedos de frente, por favor. No por ti. Por él.