realidad extraordinaria

10 jul. 2012

Papá, mamá: me voy de casa


Hoy hemos conocido el informe  'La transición de los jóvenes a la vida adulta. Crisis económica y emancipación tardía', de la Fundación `La Caixa´. En él hay datos como la edad media de emancipación en España: 29 años. ¿Las causas? La tasa de paro juvenil (un 52’1%, ahí es nada…) y la precariedad laboral.  

Ni traumas, ni miedos, ni comodidades. Muchos no nos vamos de casa porque NO PODEMOS. Ni me atrevo a hablar de comprar una vivienda, ¡no estoy tan loca! Solo con hablar de alquileres se me ponen los pelos de punta. Porque, ¿quién te asegura un salario todos los meses? Y si no es así, a volver a casa de los padres. Y esto tiene que ser aún peor, volver al nido con todo lo que conlleva porque “mientras vivas bajo mi techo, tendrás que acatar mis normas” – suena en tu cabeza- y punto en boca.   
 Pero por si esto fuera poco y por si todavía guardas algún atisbo de optimismo en tu cuerpo de joven desempleado en el hogar familiar, otro dato: la media para tener el primer hijo está en los 31 años. En mi caso, tengo 4 años para encontrar un trabajo digno que me permita malvivir que no sobrevivir* y otros dos para encontrar a un varón lo suficientemente capaz de colaborar a mantener la especie conmigo sin detrimento de la calidad.

Menos mal que son estadísticas y como conozco a unos cuantos que ya han sido papás y mamás antes de los 31, me quedo con esos años que no han utilizado ellos para intentar organizarme con más calma y pensar en bebés propios… muchísimo más adelante.

Recuerdo cuando era pequeña e imaginaba cómo sería mi vida. Con 25 pensaba que la tendría totalmente montada o por lo menos, bien encauzada. Estoy a punto de llegar a esa edad y sigo imaginándome cómo va a ser mi vida, pero cada vez aumento más los plazos. Mi nuevo tope es marcharme de casa antes de los 30. Cuando esté a punto de cumplirlo puede que me lo replantee y me dé otros 5 años… A lo mejor, entonces podré decir:
      -Papá, mamá: me voy de casa.



* Sobrevivir: este término podría entenderse como “vivir por encima de nuestras posibilidades” y eso ya no se puede.



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