realidad extraordinaria

31 jul. 2012

El mundo es de los valientes

Nadie dijo que vivir fuera fácil. Llegamos el mundo con dolor, tanto que no lo recordamos probablemente porque la naturaleza, sabia como es, nos lo impide como mecanismo de defensa. No es justo que las primeras líneas de nuestra vida se escriban entre sangre, contracciones y empujones violentos. 

Y la vida va avanzando. Aprendes que el fuego quema cuando metes la mano donde no debes, que los cuerpos son atraídos por la Tierra y cuánto más alto esté el taburete desde el que te caíste, mejor entiendes la teoría (mucho antes de saber quién fue ese tal Newton), que si pones un pie delante de otro, ¡oh! avanzas hacia los brazos de papá o de mamá que, sorprendentemente, cada vez están más lejos. 

Dejando a un lado los conocimientos, llamémosles sensoriales, descubres las emociones. Pones nombre a lo que sientes cuando alguien querido te abraza o cuando otro niño en el parque coge un juguete que, sientes, que te pertenece. Hasta ahí, la vida es una constante aventura, un mundo por descubrir que, por cierto, no tiene mala pinta desde aquella altura.

Pero no todo lo que te queda por descubrir es agradable. Comienzan las desilusiones, los fracasos, las envidias, las mentiras,...y un largo etcétera que todos conocemos. Lo que hasta entonces eran páginas con sobresaltos divertidos, ahora se convierten en hojas en blanco que no sabes qué contendrán. Todos nos encontramos dificultades, más grandes o más pequeñas (aunque las nuestras siempre parecen las peores). Algunas trabas las solucionamos rápidamente, resultamos ilesos y sin apenas asustarnos, de otras nos cuesta un poco más resurgir y volvemos a la superficie con algún que otro rasguño que el tiempo curará y nos lo hará olvidar. 

Pero hay heridas que hacen cicatrices imborrables. Momentos que desmontan tus sueños y ponen patas arriba todos tus planes. Cambian tus prioridades, ves el mundo bajo otra perspectiva y lo que antes te resultaba superfluo ahora tiene una importancia vital. Y es que nadie dijo que vivir fuera fácil. Es duro darse cuenta de que tu mundo acaba de explotar en mil pedazos por un minuto, 60 escasos segundos. Pero ¿quién te impide reconstruirlo? Necesitas una sólida base. Yo te presto mis herramientas. A veces para conseguir los sueños hay que dar un rodeo o incluso equivocarse de camino. Nada te impide retroceder para coger impulso y luchar por lo que mereces. No tienes otra opción, la rendición no es alternativa. Nunca lo fue y mucho menos va a serlo ahora. Tu meta es el imposible y esas cicatrices serán tus heridas de guerra, las marcas de que viviste y ganaste para que jamás olvides cuánto te costó conseguirlo. Porque el mundo es de los valientes, como tú. 



Descubre tu libertad...

11 jul. 2012

#NocheMinera

Recopilación de las mejores instantáneas de los que vivieron en persona la noche de la dignidad, la noche minera...y quisieron compartirlas con los que estábamos lejos a través de Twitter. 














He dejado para el final las dos que, personalmente, me resultan más espectaculares...




La calidad algunas de las fotografías es bastante mala (cosas de los teléfonos) pero no hacen falta más píxeles para transmitir el sentimiento que se vivió anoche por el centro de Madrid. En el hashtag #nocheminera podéis encontrar los tuits originales de dónde he sacado todas estas fotografías. 

10 jul. 2012

Papá, mamá: me voy de casa


Hoy hemos conocido el informe  'La transición de los jóvenes a la vida adulta. Crisis económica y emancipación tardía', de la Fundación `La Caixa´. En él hay datos como la edad media de emancipación en España: 29 años. ¿Las causas? La tasa de paro juvenil (un 52’1%, ahí es nada…) y la precariedad laboral.  

Ni traumas, ni miedos, ni comodidades. Muchos no nos vamos de casa porque NO PODEMOS. Ni me atrevo a hablar de comprar una vivienda, ¡no estoy tan loca! Solo con hablar de alquileres se me ponen los pelos de punta. Porque, ¿quién te asegura un salario todos los meses? Y si no es así, a volver a casa de los padres. Y esto tiene que ser aún peor, volver al nido con todo lo que conlleva porque “mientras vivas bajo mi techo, tendrás que acatar mis normas” – suena en tu cabeza- y punto en boca.   
 Pero por si esto fuera poco y por si todavía guardas algún atisbo de optimismo en tu cuerpo de joven desempleado en el hogar familiar, otro dato: la media para tener el primer hijo está en los 31 años. En mi caso, tengo 4 años para encontrar un trabajo digno que me permita malvivir que no sobrevivir* y otros dos para encontrar a un varón lo suficientemente capaz de colaborar a mantener la especie conmigo sin detrimento de la calidad.

Menos mal que son estadísticas y como conozco a unos cuantos que ya han sido papás y mamás antes de los 31, me quedo con esos años que no han utilizado ellos para intentar organizarme con más calma y pensar en bebés propios… muchísimo más adelante.

Recuerdo cuando era pequeña e imaginaba cómo sería mi vida. Con 25 pensaba que la tendría totalmente montada o por lo menos, bien encauzada. Estoy a punto de llegar a esa edad y sigo imaginándome cómo va a ser mi vida, pero cada vez aumento más los plazos. Mi nuevo tope es marcharme de casa antes de los 30. Cuando esté a punto de cumplirlo puede que me lo replantee y me dé otros 5 años… A lo mejor, entonces podré decir:
      -Papá, mamá: me voy de casa.



* Sobrevivir: este término podría entenderse como “vivir por encima de nuestras posibilidades” y eso ya no se puede.