realidad extraordinaria

19 abr. 2012

Enemistad a primera vista

Hay gente que cae mal a simple vista. Lo que en el amor se conoce como amor a primera vista o flechazo, en la enemistad también ocurre y el flechazo nos dan ganas de lanzárselo al o la susodicho/a en cuestión. Los más puristas dirán que este odio irracional es injusto, inmoral e incluso de naturaleza maligna porque hay que conocer primero a una persona antes de catalogarla y todo esa retahíla de palabras cargadas de sentimiento envasado al vacío, pero es algo que nos ha pasado a la gran mayoría de los mortales.

Ahora mismo tengo una. Apenas he cruzado tres palabras con ella pero ya la siento en el pódium de mi lista negra personal. El primer factor que la colocó como candidata de mis pensamientos maliciosos fue su tono de voz. Llegaba demasiados segundos antes que su presencia. Si a los decibelios de más le sumas un acento forzado, obtienes contaminación acústica.

No es por tirarme flores pero en mi caso cuarto de siglo de vida no me he encontrado muchas veces en la situación de ser la odiada sin motivo aparente (con motivo, sí) pero ¿Qué transmiten algunas personas para que siempre sean blanco de la irascibilidad gratuita? Tiene que ser cosa de las hormonas, siempre son las hormonas. Millones de años de evolución y los procesos más básicos de nuestra existencia están directamente vinculados con la secreción de glándulas que provocan una reacción en el prójimo. Y otra duda más ¿hay quiénes tienen predisposición a notar este odio irracional?

Mi enemiga a primera vista ha ido escalando posiciones, ganando puntos con actitudes ridículas, búsqueda de protagonismo extremo, gestos feos hacia otros,… así que ahora mi opinión tiene fundamentos sólidos y lógicos. Pero podía haber ocurrido el caso contrario: un día sin mucho sentido comienzas una conversación y descubres facetas que a simple vista no son perceptibles y en algún momento dices “tú antes me caías fatal”. Una tercera opción es que tu objeto de odio desaparezca directamente de tu vida y se mantenga en tu memoria como una anécdota.

Odiar a alguien es sentir irritación por su simple existencia” (José Ortega y Gasset) 

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